En el comienzo

La primera vez que pasó por mi cabeza la idea de construir un robot, no pensé que podría escapar del terreno de las múltiples ideas inútiles que pueblan mi cabeza día y noche, como bandadas de pájaros perdidos en el medio de una migración de emergencia.

En ese momento no tenía ni la más remota idea de electrónica digital, ni de los otros cientos de elementos que son necesarios para dar forma a un artefacto que merezca el apelativo de Robot. Sin embargo la ignorancia suele ser piadosa conmigo, de tal manera que con más entusiasmo que lucidez me lancé a la tarea de concebir mi primer robot, lleno de las más fantasiosas ideas de su forma, los infinitos talentos que poseería y sus increíbles capacidades de aprendizaje que muy pronto lo harían mucho más inteligente que yo mismo, lo cual , dicho sea de paso, no debería ser un gran desafío para un robot modesto de clase media.

Tan pronto como revisé los primeros papers en Internet me di cuenta que la tarea era mucho más compleja de lo que había imaginado y que mis ideas peregrinas quedarían en el terreno de la fantasía, porque el asunto de hacer un robot excedía con mucho mis modestísimas capacidades técnicas, lógicas y de conocimiento.

En momentos como ese se abren dos caminos frente a ti: o renuncias y nunca haces lo que habías soñado, o admites que las dificultades eran mayores de lo que pensaste y admites una solución intermedia: ni tan espectacular como tu idea inicial, ni tan mala como no hacer nada.

En mi caso, mi decisión se inclinó por armar un robot que se vendía en Internet por partes, de manera que si lo armaba bien, de seguro que funcionaba, por lo tanto el riesgo al empezar mi carrera en robótica era muy controlado.

El robot que escogí es un bicho sumamente curioso en su simpleza y su complejidad al mismo tiempo. En la sección de fotos de robots incluí una foto de él, que era tan nuevo en mi mundo que ni siquiera alcanzó a tener otro nombre más que el genérico de “bicho”. Pero más allá de sus limitaciones, que eran mucho menores que las mías en su propio terreno, si de comparaciones se trata el párrafo, digo más allá de todo eso, el bicho me sirvió para entender ciertas cosas básicas que comparten todos los robots y que los categoriza como tales.

Porque detrás de esto todo un tema: que caracteriza un robot? Que hace que una máquina cualquiera adquiera el nombre de “robot”? El que tengan cabeza y manos no hace a una máquina un robot, ciertamente. Hay robots muy eficientes sin cabeza ni manos mecánicas y hay máquinas con cabeza y manos que son lindos juguetes pero no son robots. Entonces donde empieza y donde termina un robot? Que hace a un robot ser lo que es?

Después de consultar un montón de definiciones que andan por ahí, parece ser que un robot se define como una máquina formada por tres componentes: un conjunto de sensores que le permiten capturar información del mundo exterior, un cerebro que aplica una cierta lógica a partir de la información recolectada y un conjunto de actuadores que materializan ciertas acciones como respuesta del robot a esos estímulos percibidos.

Mis robots han cumplido con esos tres elementos claves desde el principio, como explico con detalles en las secciones siguientes de Cuerpo, Mente y Lógica, además de Fotos de Robots.

Pero en general y en cada uno de mis diseños, incrementar los sensores para hacerlos más sutiles o complejos, ampliar los actuadores para emular el comportamiento humano y especialmente reflexionar y trabajar sobre la compleja lógica que guiará al bicho en su corta vida, es una entretención que no tiene fin, es absolutamente adictiva y que solamente recomiendo si eres solitario, ferozmente automotivado y dispuesto a estrellarte contra miles de dificultades.

En resumen, un obsesivo sin remedio.